El argumento del melodrama

Si tuviéramos que decir tan solo una característica en común para todas las historias melodramáticas, diríamos la pasión. Pero hay demasiados argumentos que tienen a la pasión como protagonista, y no podemos decir que todos sean melodramas.

Se han hecho y siguen haciendo numerosos análisis, y algunos ayudan más que otros a entender qué tiene de propio el melodrama.

Una forma de verlo es a través de sus personajes. En cualquier drama, los personajes desean, se mueven, accionan, y de esta forma es que podemos conocerlos, por lo que hacen o no hacen. La identidad del personaje no está sólo en su aspecto y sus pensamientos, está en sus acciones dramáticas. Y toda acción con consecuencias emocionales es dramática.



En el caso del melodrama, esas acciones, si bien se relacionan con la pasión, se pueden entender desde dos conceptos que vienen del psicoanálisis: la pulsión de vida o Eros, y la pulsión de muerte, o Thanatos.

El Eros representa el instinto primitivo de satisfacer los deseos libidinosos, también el hambre y la sed. El Tanatos son los impulsos de destrucción y agresividad.

Los nombre provienen de la mitología griega: Eros era el encargado de que los humanos se incendiaran en el ardor del amor y quisieran mitigarlo con el acto sexual. Dado que esto derivaba en el nacimiento de nueva vida, Freud lo identifica con “pulsión de vida”. Tanatos, por su parte, era el dios de la muerte.

El melodrama, al contarnos una historia de amor, por ejemplo, parece apelar al Eros de los personajes, sus ganas de vivir. Sin embargo, lo que sucede en general es que el amor no puede concretarse, y esto se debe a que esa obsesión/relación/deseo que mueve a los personajes opera, a su vez, como pulsión de muerte, su Tanatos. Sirve como ejemplo el cortometraje de más arriba: dos enamorados que se saben enemigos. En vez de abandonarse a la pasión, han elegido pelear por algo que es más fuerte que ellos. La pulsión de muerte se vuelve literal: uno mata al otro.

Pero pensándolo fuera de los argumentos amorosos, el melodrama tiene otra característica argumental que lo distingue del resto de los géneros: el destino trágico.

El melodrama hereda elementos de la tragedia griega, cuya principal característica es la idea de que existe un destino inevitable al que llegarán los personajes por fallar en su vida. Se relaciona con el Tanatos en el punto de llevar al extremo las situaciones sin importar el desborde, tan solo porque la pasión es irrefrenable (Romeo y Julieta sirve como ejemplo, la pasión lleva a los jóvenes a desobedecer un mandato familiar que termina con ambos muertos).

Sin embargo, el melodrama suele plantear hechos que se ponen en el medio de la concreción de un amor, o bien ocurren y plantean una situación aún más conflictiva y un sufrimiento mayor para el protagonista o quienes lo rodean. Esto distingue al melodrama de la comedia romántica, por ejemplo. En la comedia romántica, la neurosis de los protagonistas es lo que impide que al comenzar la película formen pareja. En el melodrama, hechos diversos se interponen a la historia de amor.



En el melodrama podemos hablar de transgéneros: puede existir en diferentes lenguajes y soportes, siempre manteniendo su rango de desempeño. El melodrama atraviesa el espectro social, y lo podemos encontrar en la cultura más “popular” como en la más “elitista”.

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